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28/1/07

Abuela Viajera



Ana Padrón es una jubilada canaria cercana a los 70 que a lomos de su furgoneta va recorriendo el mundo desde hace ya más de 5 años. Anima a las personas mayores a que salgan sin temer a la soledad. En cuanto sales los males desaparecen.

Un interesante artículo lo puedes leer de un documento Pdf del Imserso de la seguridad social.
Documento Pdf II

23/1/07

Manon ; Viaje en tractor por el mundo




Hay viajes de largo recorrido de lo más curiosos, como el de

20/1/07

JEANE HOSKINS

Jeanne Hoskins nació en 1915 en Washington. Cuando su marido murió en 1987 se enfrentó a una disyuntiva: quedarse en casa el resto de sus días, afligida, llorando por su pérdida, o viajar. Cayó entonces en sus manos una cita atribuida a San Agustín de Hipona, el más grande de los Padres de la Iglesia, que decía: “El mundo es como un libro y el que nunca ha viajado sólo ha leído una de sus páginas”. Entonces resolvió leer todas sus páginas. En la actualidad lleva visitados 280 países del TCC y unos 235 del CIGV. Es tan rica que siempre contrata coche con conductor en cada ciudad o isla que visita. Es, además, miembro del Globetrotters Club, y del Circumnavigators Club.

(Jeanne con un papúo... ¿quien es quien?)

CATHERINE DOMAIN

Catherine Domain. Viajera francesa a la vieja usanza. A los 17 años sus padres la enviaron a estudiar a California, y fue allí donde contrajo el entusiasmo por los viajes. De 1960 a 1970 realizó una larguísima vuelta al mundo visitando alrededor de 200 países y territorios de los cinco continentes. Durante un trayecto en barco desde Colombo a Surabaya reflexionó sobre lo que debería hacer para vivir a su regreso a París y al mismo tiempo ayudar a otros viajeros. Al final se decidió por fundar una librería dedicada exclusivamente a los viajes, la primera en el mundo en 1971, anterior incluso a Altaïr, en España. Hoy en día Ulysse, que es como se llama esta librería por existir allí anteriormente otra dedicada al novelista y poeta irlandés James Joyce, alberga más de 20.000 libros abarcando todos los países del mundo, además de textos viajeros raros y mapas insólitos. Es toda una institución viajera mundial, un templo para los viajeros, el kilómetro cero, y en el verano del año 2005 la librería se amplió creándose una filial de verano en Hendaye, Francia. Catherine nunca tuvo hijos y se consagró a los viajes, sobre todo en velero por las islas del Pacífico. Es miembro del CIGV, de La Societé des Explorateurs Français (fundada en 1937), además de haber creado ella misma un par más de asociaciones viajeras: Cargo Club, para los viajeros enamorados de dar la vuelta al mundo en barcos de carga, y el Club Ulysse des Petites Îles du Monde. Hugo Prats, el conocido dibujante de cómics italiano, le compró varios libros sobre Somalia para documentar su álbum “Las etiópicas”, acerca de las aventuras del marino Corto Maltés, y fue el padrino de su librería cuando cambió de dirección a la isla parisina de Saint Louis, en el Sena, mientras que la madrina fue Ella Maillart, la gran viajera suiza del siglo XX. Su página web es: www.ulysse.fr

(Catherine en su “templo”, la librería Ulysse)

Fuente:JorgeSanchez.org

5/1/07

Fyona Campbell-vuelta al mundo a pie.


Ffyona Campbell Dió La Vuelta Al Mundo A Pie Luchando Contra El Dolor...



LA VUELTA AL MUNDO A PIE DE UNA MUJER

Qué se necesita para dar la vuelta al mundo a pie? Valor y resistencia física, sin duda, pero también una actitud mental que te mantenga en marcha a pesar de las dificultades. Cuando la escocesa Fona Campbell recorrió a pie 31.521 kilómetros, atravesando cuatro continentes, terriblemente a causa de ampollas infectadas que hicieron en los pies. El dolor de una sola ampolla haría detenerse a mucha gente; sin embargo, Bell aprendió con sudor la barrera del dolor, y recorrió miles de kilómetros hasta convertirse en la primera mujer que daba la vuelta al mundo a pie. Lo peor no fueron las ampollas, declaró después, sino las noches en África, cuando su voluntad se debilitaba.

Para conseguir un lugar en el Libro Guiiiness de los Récords por haber dado la vuelta al mundo a pie, hay que atravesar como mínimo cuatro continentes y empezar y acabar en el mismo lugar, aunque la marcha no tiene que ser continua. Con una tenacidad rayana en la obsesión, Campbell realizó una excursión que duró once años en la que recorrió veinte países de Norteamérica, Australia, África y Europa.

La primera mujer

Dos estadounidenses habían conseguido dar la vuelta al mundo a pie antes que ella. David Kunst, que recorrió 23.250 km por cuatro continentes entre junio de 1970 y octubre de 1974, fue el primero al que se le verificó la marca. Steven New man, que fue aún más rápido, tardó sólo cuatro años en recorrer 24.959 km, atravesando cinco continentes entre abril de 1983 y abril de 1987. El primero en conseguirlo, aun que la marca no esté verificada, fue George Schilling, también estadounidense, que inició la marcha en 1897 y la terminó en 1904. Arthur Blessitt de Florida asegura haber recorrido la distancia más larga: 50.559 kilómetros por siete continentes, desde diciembre de 1969
La primera meta de Campbell fue recorrer Gran Bretaña. Cuando salió de John O'Groats, en Escocia, el 16 de agosto de 1983, tenía dieciséis años y no era plenamente consciente de la empresa que estaba emprendiendo. La distancia más larga que había recorrido hasta entonces eran 40 kilómetros, cuando era niña. Se entrenaba caminando por el Hyde Park de Londres con una mochila llena de listines telefónicos. El periódico Eveniiig Staizdard oyó hablar de su proyecto y se ofreció a pagarle el alojamiento hasta llegar a Lands End, en el extremo sur de Inglaterra, y a cubrir sus gastos de mantenimiento diarios. Campbell recorrió unos 40 kilómetros diarios, seis días por semana, y terminó el recorrido en 50 días. Su esfuerzo se vio recompensado pues consiguió reunir 25.000 libras para un escáner.

La etapa americana

Dos años más tarde Campbell deci­dió recorrer Estados Unidos desde Nueva York hasta Los Ángeles. El esfuerzo físico que supone caminar tantos kilómetros es la parte visible de una expedición así, pero la programación y la administración implican una gran cantidad de trabajo. Campbell tardaría unos seis meses en recorrer 5.600 kilómetros por el continente americano, y necesitaba un patrocinador que pagara sus gastos. A cambio, el patrocinador exigía la atención de los medios de comunicación a lo largo de la ruta.

Campbell también necesitaba un equipo de apoyo compuesto por dos personas: una para conducir un vehículo de apoyo en el que tendría que vivir a lo largo del recorrido, y otra para contactar con los medios de comunicación locales. Además del patrocinador y el equipo, tenía que conseguir una caravana, comida, ropa, material, dinero para gasolina y una institución benéfica a la que vincularse.

Se puso en contacto con la organización Live Aid y les informó de que quería reunir dinero para ellos recorriendo Estados Unidos a pie. El entusiasmo de Live Aid fue tan grande que Campbell anunció su intención de dar la vuelta al mundo. Encontró un equipo de apoyo de dos hombres y juntos volaron a Estados Unidos. Tenían 500 libras entre los tres, no tenían patrocinador, y Campbell sólo tenía dieciocho años.

En los Estados Unidos se pusieron a hacer llamadas y consiguieron el patrocinador que necesitaban. Campbell inició la aventura el 16 de agosto de 1985. Mientras avanzaba por las calles de Nueva York con su ropa de deporte nueva se preguntaba si conseguiría cumplir lo que había prometido, y si soportaría la presión de las entrevistas y las apariciones públicas que se esperaba que hiciera a lo largo del camino. Recorrer 40 kilómetros diarios era una cosa, pero hacer entrevistas y asistir a recep­ciones públicas tras haber pasado todo el día caminado era diferente.

La expedición no funcionó demasiado bien. «A veces me planta ha y decía: no puedo hacer esta entrevista, y me metía en la caravana», escribió más tarde. Por otra parte, tuvo enfrentamientos mora­les y emocionales con su equipo de apoyo, que no quería perder el dinero del patrocinador. Pero ella siguió caminando, sobre todo por­que abandonar habría resultado muy violento. Tras haber recorrido 1.900 kilómetros, Campbell empezó a sentirse muy cansada y a encontrarse mal. Redujo la marcha y empezó a retrasarse respecto al programa. Un médico le confirmó que estaba embarazada y le dio una cita para practicarle un abor­to, pero debería espe­rar varias semanas. El viaje tenía que continuar, pero la tentación de montarse en la carava­na en lugar de caminar fue cogiendo fuerza y Campbell cedió en illinois, Missouri, Oklahoma y Texas. Sólo recorría a pie los últimos kilómetros al entrar y salir de las ciudades, y el resto del tiempo iba en la caravana. Después del aborto hizo todo el camino a pie desde Clovis, Nuevo México, hasta Los Ángeles, pero la mala conciencia por haber hecho trampa la atormentaría durante años. Durante el resto del recorrido alrededor del mundo, marcaba el camino al final de cada jornada con un aerosol de pintura, y al día siguiente empezaba a caminar desde la marca.

De Sidney a Perth

Dos años más tarde Campbell inició el recorrido de Australia, desde Sidney hasta Perth, una distancia de 5.100 kilómetros. Andaba corta de dinero y se había propuesto la impresionante meta de recorrer entre 65 y 80 kilómetros diarios para cubrir la distancia antes de que se le agotaran los fondos. En su piso parecido sencillo,pero ahora tenía que hacer una doble maratón cada día: torear a la maquinaria de la publicidad y re­unir fondos para Sport Aid 88.

Fue un camino muy duro. En las primeras etapas la gente la interrumpía continuamente para preguntarle por qué lo hacía. A medida que pasaban los kilómetros, los pies se le iban llenando de ampollas, y al final de cada jornada el conductor tenía que extraerle el pus con una jeringuilla, pero ella no pensaba abandonar.

Cruzar el desierto fue un infierno. La temperatura alcanzaba los 60 °C y Campbell tenía que viajar por la noche. Prefería estar sola, así que la caravana de apoyo se adelantaba y la esperaba cada 16 kilómetros. Fueron 95 días luchando contra las heridas hasta llegar a Perth. Tras haber hecho trampa en América, ahora se había demostrado a sí misma que estaba mental y físicamente preparada para cruzar un continente a pie. Durante una entrevista en Perth anunció que pensaba recorrer África.

Un continente peligroso

África exigía una concienzuda pre­paración y un equipo de apoyo con experiencia. Era difícil conseguir patrocinador pues las empresas eran cautelosas debido al elevado riesgo de fracaso. No querían ver su logotipo sobre un cadáver. Pero antes de empezar 1991 Campbell lo tenía todo organizado y partió hacia Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Su meta era Tánger, en la costa del norte de África. Para llegar hasta allí tendría que caminar 16.900 kilómetros atravesando 13 países. Era el trayecto más difícil y más peligroso, pero Campbell se había comprometido y dijo que prefería morir a abandonar. Y estuvo a pun­to de morir en varias ocasiones.

Hizo frente a la mosca tse-tse, a los incendios y a posibles ataques de leones. En Zaire (actual Repú­blica Democrática del Congo) y en Zambia los aldeanos violentos se mofaban de ella y le lanzaban pie­dras, y Campbell y su equipo de apoyo fueron detenidos y acusados de espionaje. Se salvaron gracias al valor y la paciencia de uno de los miembros del equipo.

A menudo las condiciones eran pésimas. Campbell caminaba con diarrea y malaria, y contrajo fiebre tifoidea. Una guerra interrumpió la expedición en Zaire, y cuando Niger también se convirtió en zona de guerra, Campbell tuvo que dar un rodeo de 4.000 kilómetros.

Regresó en dos ocasiones a Gran Bretaña para esperar a que la ruta quedara libre y reunir más di­nero. Los equipos de apoyo se iban sucediendo, pero a pesar de sufrir una profunda depresión que casi la obligó a abandonar, Campbell siguió adelante. Luchó con las dunas del desierto de Mauritania, cruzó un campo de minas en la frontera con el Sáhara occidental y esquivó violadores en potencia en Marruecos. Tardó dos años en cruzar África, pero en 1993, en Tánger, Campbell finalmente se bañó en el Mediterráneo. Sólo quedaba Europa

Europa con un burro

En 1994, Campbell viajó desde Al­geciras, en España, hasta Calais, en Francia, pero esta vez lo hizo ella sola. Nunca había viajado sin un equipo de apoyo, y quería intentarlo. Compró una mula, y luego un burro para transportar las provisio­nes, y emprendió el camino. Se aproximaba al final de un viaje espectacular, y sin embargo la perseguía el miedo a ser descubierta. No se perdonaba haber hecho trampas en la etapa del viaje, nueve años atrás. Atormentada por un equipo de filmación cruzó los Pirineos, atravesó rapidamente Francia, Cruzó el Canal de la Mancha ' Y se dispuso a volver al Punto de partida, John O'Groats, acompañada POI- un grupo de jóvenes de Raleigh International. Los medios de comunica­ción la acosaban continuamente, pero sólo un reportero caminó un día entero con ella para obtener in­formación de primera mano. Un circo de periodistas la recibió a su llegada a John O'Gioats, en Escocia, de donde había partido once años atrás.

El tramo pendiente

Al año siguiente, Campbell viajó a Indianapolis y recorrió a pie el traamo de Estados Unidos que había quedado pendiente, arrastrando SLI equipo en un carrito. Sólo la acompañaba un perro. Ffyona Campbell reconoce que, como hizo trampa, no puede decir que sea la primera mujer que dio la vuelta al mundo a pie, pero el Libro Guinnes de los Records, tiene su marca registrada como «el viaje a pie más largo realizado por una mujer». Su increíble resisten­cia y su decisión la ayudaron a conseguir un logro épico. Basta con mirar un mapa de América, Australia o África para comprobarlo.


11/12/06

Stella Arzuaga. El cruce de los Andes en mula

Stella de Arzuaga es biznieta de vascos. Vive en Arrecife, en la provincia de Buenos Aires. Es directora de un colegio y pertenece a la Euskal Etxea de la localidad. En enero de 2006 emprendió una aventura en mula que le llevaría, desde Mendoza hasta la frontera con Chile. En la marcha participaron 101 personas y 70 iban montados en los cuadrúpedos. Es el octavo cruce que se realiza. El motivo es emular al general José de San Martín, padre de la patria Argentina. El y sus soldados se dirigieron a liberar Chile de la colonia española. Lo consiguieron al igual que en Perú y en la misma Argentina.

Fuente: rogeblasco

2/12/06

Egeria

Egeria entró por las varias soledades y los diversos desiertos eremíticos del libro del Exodo. Al monte santo del Sinaí, olvidada de su fragilidad femenina, sube con paso firme. Finalmente, después de haber recorrido los confines de casi todo el orbe terráqueo, también quiso subir a lo alto de otros montes altísimos.

Egeria se anuncia en la historia como un enigma y aparece en la literatura como un milagro. Y es que a Egeria, la primera de nuestras escritoras y una de las mujeres verdaderamente grandes de la temprana historia de España, debemos la inauguración de un género que nunca ha pasado de moda: el libro de viajes. Con la peculiaridad de que su “Itinerarium” es a la vez testimonio personal, fresco y ameno pero culto y profundo, de un peregrinar por la tierra y los símbolos, por la realidad por la fe. Y es la única guía litúrgica de aquel Jerusalén ya dos veces santo y, tal vez por eso mismo, destruido dos veces por el emperador Adriano.

Ramón Teja, catedrático de historia antigua de la universidad de Cantabria.

EGERIA:

Se llega a Jerusalén a la hora en que un hombre puede distinguir a otro, o sea, casi a la hora del alba, antes de la salida del sol. Huelga decir cuánto es aquel día ornato en la Iglesia Mayor, en la Anástasis y en la Cruz de Belén. No se ve más que oro, piedras preciosas y seda; las cortinas son también de seda bordada en oro. Los objetos de culto que se usan aquel día son de piedras preciosas incrustadas. Sería imposible calcular y describir cuántos y cuán valiosos son los cirios, candelabros, lámparas y demás objetos del templo….

Egeria debió de nacer hacia el año 340 porque ya era una personalidad madura cuando emprendió su viaje. Además tenía que conservar un extraordinario vigor físico para sobrellevar las durísimas condiciones de ascenso a pie a montes escarpados y difíciles. Era segoviana de origen y como todas las mujeres de su clase y de su época , tuvo una educación esmerada y creció en un ambiente politizado, vivo y conflictivo, de honda inquietud espiritual y gran libertad intelectual. Además del latín, su lengua materna, sabemos que Egeria dominaba el griego porque en griego está esa Biblia que lleva consigo a todas partes para vivir o revivivir la letra en la realidad.

EGERIA

Cuando llegan a la puerta de la ciudad es ya de noche. Es tanta le gente, que necesitan traer unas doscientas lámparas de la iglesia. A la iglesia mayor, el Martyrium, llegan a la hora segunda de la noche, porque hay gran trecho desde la puerta de la ciudad y caminan despacio para que la gente no se canse. Abren las puertas grandes que dan a la calle ancha y entra todo el pueblo con el obispo en el Marturyum cantando himnos.

Es evidente que Egeria se había dedicado a la vida religiosa junto con otras mujeres, las hermanas a las que dirige en formas de cartas este “Itinerarium”. Pero no es seguro que se tratase de una monja en el sentido actual del término. Desde luego, parece haber sido la superiora o la figura preminente de un grupo femenino retirado del mundo, esas “hermanas” a las que repetidamente, en su estilo directo y efusivo llama “amadísimas” y “luz de mi vida”.

En este “Itinerarium” de Egeria, la peregrinación es símbolo y resumen del paso por la vida del creyente, que se ve a sí mismo como caminante en búsqueda de la Verdad, que es la Muerte pero también la Salvación. Para el que abraza la vida religiosa, la vida es sólo tránsito. Mil trescientos años después de Egeria, otra mujer paisana suya, Teresa de Avila, también caminante infatigable, dirá que la vida es “una mala noche en una mala posada”. Y antes había escrito Jorge Manrique:

JORGE MANRIQUE

“Este mundo es el camino
para el otro, que’s morada
sin pesar;

mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar”.


Egeria pensaba lo mismo. Pero no se limitó a pensarlo, sino que lo hizo. Toda su vida es como una preparación para el viaje a Tierra Santa. Cuando termina los tres años de “Itinerarium” –tiempo real y simbólico: los tres años de vida pública de Jesús, Egeria desaparece sin que sepamos dónde, ni cuándo, ni cómo.

Lentos y rápidos, plácidos y amargos, pasaron los siglos. Nadie recordaba ya a la peregrina en Tierra Santa. Pero en 1884 el erudito Gamurrini descubrió un texto muy raro, caligrafiado en el siglo XI en el famoso monasterio de Monte Casino, que había sobrevivido a las hordas napoleónicas y no había sido quemado por los Ilustrados. En la “Confraternita dei Laici” de Arezzo alguien lo encuadernó con otros dos códices medievales, aunque no llega hasta nosotros la versión completa.



EGERIA:

Interea ambulantes pervenimus ad quendam locum…Siguiendo luego la marcha, llegaremos a un lugar donde aquellos montes por los que íbamos se abrían, formando un valle amplísimo, muy llano y hermoso, y al fondo de él se veía el santo monte de Dios, el Sinaí.

Así relata, en primera persona y desde la primera frase, la misteriosa Egeria, la escritora, la peregrina, la sabia, hasta que en algún punto se suspende el relato y desaparece. Probablemente murió de forma súbita y lejos de los suyos, porque siendo de familia principal y teniendo tantos amigos, los datos de esa muerte nos habrían llegado. Sin embargo, nada sabemos. Quizá nada sabremos nunca.

Egeria, la curiosa peregrina, la primera de nuestras escritoras, se desvanece en el aire del tiempo como María de Zayas, en el recuerdo de un mundo que ya no existe , en la memoria de una mujer sencillamente inolvidable.

Alexandra David-Neel


Desde niña Alexandra David-Néel se mostró inquieta. Además de huir varias veces de su casa, estudió música y se interesó por el budismo y el Tíbet. Hizo un primer viaje a la India al cumplir los 20 años, pero, cuando empezó a fallarle el sustento, regresó a su París natal. Para ganarse la vida, inició una carrera como cantante de ópera que la llevaría hasta Hanoi.

La volvemos a encontrar en Túnez, ya casada, aunque sin olvidar sus ideas anarquistas y feministas. Su matrimonio resultó fallido y, con 43 años, inició el viaje de su vida, rumbo a la India, un viaje que iba a durar 14 años. En 1912 conocía en Sikkim al decimotercer Dalai Lama. La suerte estaba echada: tenía que alcanzar el Tíbet. Profundizó en sus estudios de tibetano y se inició en la meditación. Vivió como ermitaña y luego pasó más de dos años en el monasterio budista de Kum Bum, por aquel entonces ya protectorado chino. Pero el Tíbet continuaba ahí, como territorio prohibido para los extranjeros. Intentó cruzar la frontera tres veces. La primera vez fue detenida. La segunda se le echó la nieve encima. A la tercera tentativa, acompañada sólo por Yongden, criado, discípulo y, más tarde, hijo adoptivo, consiguió al fin pasar. Tras cuatro meses de superar pasos de 4.000 y 5.000 metros, dormir en cavernas, sufrir frío y hambre, alcanzó Lhasa, la capital del país soñado. Llegaba convertida en una mendiga, vistiendo harapos, flaca, curtida, con la cara ennegrecida por el humo. Tenía cincuenta y seis años.

CIEN AÑOS DESPUÉS

Alexandra no se asentó hasta alcanzar los 78 años. Entonces se retiró a Digne, bajo los Alpes de la Alta Provenza. En el Tíbet conoció una sociedad feudal con reyes, lamas, nómadas y gente humilde, que vivían como lo habían hecho durante siglos. En su libro Magos y místicos del Tíbet relató cuentos, magias y milagros que quedaron asociados al budismo tibetano. Sin embargo, mantuvo siempre una doble mirada: mística maravillada una y estudiosa objetiva otra, que separaba el grano de la paja. No se cansaba de repetir: "Tengan cuidado con las imágenes, no se dejen embaucar por ellas". A los cien años, quiso renovar su pasaporte. Por aquellas fechas, los chinos habían ya destruido la mayoría de monasterios tibetanos.

Entrevista :Cristina Morato


El libro es un ameno y clarificador relato que nos lleva a Tierra Santa con Egeria -la primera gran viajera de quien se tiene noticia, que además era española-, a Tíbet con Alexandra David-Néel o a India con Lady Charlotte Canning. Pero lo revelador es el prólogo que escribe Manu Leguineche, quien asegura que Cristina Morató "no presume de nada, no es políglota, ni siquiera se cree valiente, pero lo prueba todo con la sonrisa, la alegría, la audacia, el romanticismo, la facilidad de comunicación y el sentido del humor que le son congénitos". Visto su currículum, habría que añadir otro rasgo a su personalidad: la inquietud. Lo mismo organiza un programa de televisión, que coge los bártulos y se va de viaje; igual se pone manos a la obra con un reportaje que se enfrasca en organizar una exposición.

-Junto a otros compañeros ha fundado la Sociedad Geográfica Española, ¿con qué objetivo?
-Esta entidad sin ánimo de lucro nació el 12 de octubre de 1997 por iniciativa de un grupo de periodistas, escritores, viajeros, empresarios y amantes en general del mundo de los viajes y la geografía. Entre sus socios fundadores están Manu Leguineche, Luis Pancorbo, Jesús Torbado o Javier Reverte. La Sociedad pretende recuperar nuestra historia geográfica española en el mundo, ampliar el conocimiento geográfico, propiciar y colaborar en proyectos viajeros y dar a conocer a nuestros exploradores españoles injustamente olvidados, entre otros objetivos.

-¿Qué queda en el planeta por descubrir?
-El planeta Tierra ya ha sido cartografiado casi en su totalidad, los principales misterios han sido descifrados y la época de las grandes exploraciones ha concluido, pero aún queda mucho por descubrir. Los fondos marinos siguen, por ejemplo, inexplorados y la exploración espacial, comparable a la conquista de América en el siglo XVI, es el gran reto del futuro. Marcel Proust escribió: "El único viaje de descubrimiento auténtico no consiste en ir a nuevos lugares, sino en tener otros ojos".

-La motivación de los antiguos aventureros para viajar era completar los mapas. ¿Qué busca usted en sus viajes?
-Para mí los viajes son ante todo una fuente de conocimiento, viajo para aprender y de paso conocerme mejor a mí misma. No viajo por aventura, porque no me gusta nada el riesgo y me interesan más las gentes que los paisajes. Seguramente no sería la misma si durante estos últimos veinte años no me hubiera dedicado a viajar largas temporadas por el mundo. Por fortuna mi profesión de reportera y fotógrafa va unida al viaje.

-¿El final de un viaje es llegar a un lugar?
-No siempre, a veces en los atajos encuentras lo mejor. Cuando viajo nunca pienso en llegar y, de hecho, muchas veces al perderme o entretenerme en el camino he descubierto cosas aún más interesantes que en mi destino final.

-En un artículo afirmaba que no todos estamos preparados para viajar a lugares remotos que nos enfrentan a culturas milenarias y una forma de vida muy distinta a la nuestra. ¿Qué nos ha hecho perder entonces la civilización?
-Una vida cómoda y fácil nos hace perder muchas cosas, entre ellas la capacidad de sorprendernos, la curiosidad y el respeto a los que no viven tan cómodamente como nosotros... No todos estamos preparados para subir el techo del mundo, no todos estamos preparados para vivir en la selva amazónica y convivir con los indígenas, aunque hoy todos estos destinos "exóticos" los ofrezcan las agencias de viajes al turismo de masas. Hay que saber respetar la naturaleza y las comunidades que habitan en ella desde tiempos inmemorables, la visita de grupos de turistas a estos lugares sólo contribuye a su más rápido aniquilamiento.

-¿Cómo ha ido cambiando a lo largo del tiempo el concepto de aventura?
-Yo creo que los grandes aventureros eran los de antaño, sobre todo los del siglo XIX, época de grandes exploraciones cuando el mundo aún estaba por cartografiar y en los mapas aparecían espacios en blanco que atraían el interés de los más osados. Hoy todo está descubierto o casi todo, y el término aventura se emplea más para designar operaciones de marketing que sirven de escaparate para las grandes marcas, por ejemplo deportivas.

-Se habla mucho de los hombres aventureros pero, ¿qué aportación han hecho las mujeres en todo el tema de viajes?
-Las mujeres han viajado desde los tiempos más remotos para conquistar otros países, como peregrinas y sobre todo como exploradoras. Estas últimas viajaban con fines científicos para conocer mundo y explicarlo después. Algunas como la inglesa Mary Kingsley realizaron los estudios de campo más importantes hasta la fecha en la entonces desconocida África occidental. Otras como Alexandra David-Néel se convirtieron en reputadas orientalistas y los libros y relatos de sus viajes por el Tíbet y sus estudios sobre el budismo resultan aún hoy imprescindibles para entender esta filosofía y la forma de vida en el País de las Nieves.

-¿Qué diferentes características tiene una aventurera frente a sus colegas masculinos?
-La mayoría de intrépidas viajeras y aventureras que he investigado en mi libro tienen en común la sencillez con la que escriben sus relatos de viaje, rara vez hablan de los peligros a los que se enfrentaron -y que hoy pondrían los pelos de punta a más de uno-, la humildad al reconocer sus limitaciones físicas y la admirable capacidad de adaptación al medio. También el sentido del humor es común a la mayoría.

-Precisamente tras la publicación de su libro prepara una serie de documentales sobre las pioneras viajeras. ¿Qué impulsaba a estas primeras intrépidas a dejar el mundo conocido y lanzarse a la exploración?
-En el siglo XIX nacen las más singulares trotamundos. Es la época de viajeras extraordinarias como Mary Kingsley, Isabella Bird -la primera mujer aceptada por la Real Sociedad Geográfica de Londres- o Gertrude Bell, asesora de reyes, exploradora de Oriente Medio y consejera de Lawrence de Arabia. Estamos en la época victoriana, donde la mujer nace para ser una buena esposa y prolífica madre de familia. Para cualquier mujer de aquella época viajar más allá de los límites del hogar era una heroicidad, por fortuna un puñado de valientes mujeres rompieron moldes, se liaron la manta a la cabeza y se lanzaron a ver el mundo. El viaje para ellas era una suerte de liberación y la oportunidad de ser personas.

-En su caso, ¿qué le impulsa a viajar?
-En mi caso viajo sobre todo llevada por la curiosidad, atraída por culturas remotas y muy distintas a la mía. Como he dicho, lo hago de forma egoísta, para enriquecerme personalmente.

-Dados los tiempos que corren, el mundo del viaje parece vedado a las mujeres. ¿Cómo lo hace usted?
-Cada vez son más las mujeres que viajan solas por el mundo, y creo que nos enfrentamos a los mismos problemas que los hombres. Sólo hay que tener ciertas precauciones y sentido común para evitar meterte en líos. Por lo demás, llevo más de veinte años viajando, la mayor parte de ellos en solitario, y el único peligro grave al que me he enfrentado ha sido la petición de mano de un rico propietario de una hacienda en la remota Patagonia, situación que salvé con mi buen humor de siempre.

-¿Tiene entonces realmente la mujer límites para viajar o seguimos poniéndonos barreras para descubrir el mundo y sus gentes?
-El único límite que tiene actualmente la mujer para viajar es el que ella se quiera imponer. La mujer ha llegado ya en este siglo XXI al espacio, a los fondos marinos de la Antártida o al corazón de África y aún quedan tantos lugares a donde viajar...