9/10/06

Família Vasca 17 años en velero


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Una familia de Hondarribia (Guipúzcoa, España) ha dado la vuelta al mundo en dos veleros construidos por el padre. La travesía ha durado más de 17 años, exactamente 6.242 días.

La familia está compuesta por Santiago (35 años), su mujer, Mayvi (33) y sus hijos Urko y Zigor (8 y 9 años, respectivamente). Las edades se refieren al día 14 de agosto de 1983, fecha en que se hicieron a la mar.

Santiago tenía el sueño de vivir navegando; su mujer le seguía la corriente. Él había ejercido diversas profesiones, desde maestro a hombre rana, pasando por concejal y administrativo. Estuvieron unos años viviendo en Lanzarote, hasta que en 1979 volvieron a su pueblo y Santiago fundó un astillero. Fue entonces cuando empezó a dedicar los fines de semana a construir el barco. Construyó las cuadernas con tablones lanzados por el mar. Entre el material de deshecho de varias fábricas próximas recogió lo necesario para construir los muebles. Dos pinos que crecían en los alrededores acabaron de mástiles. Y así sucesivamente hasta acabar el barco, al que bautizó como Jo ta ke (que se podría traducir en euskera en algo así como "dale que te pego").

Los profesores de una ikastola (escuela vasca) prepararon un programa de estudio y proporcionaron los libros de texto para la formación de los niños durante los siguientes cuatro años. Con la despensa llena y 1.000 dólares en la caja, estaban a punto para iniciar el viaje.

El viaje El 14 de agosto de 1983 dejaron el puerto de Hondarribia ante un puñado de íntimos que acudieron a despedirse con una mezcla de emoción e incredulidad. Pusieron rumbo a Canarias en una primera etapa que sería la prueba de fuego. En las Islas Afortunadas debían decidir si seguían adelante o daban media vuelta. Obviamente, siguieron adelante.

A lo largo del viaje, Santiago desempeñó muchos trabajos. En Lanzarote hizo de submarinista; con el dinero obtenido de la pesca compró varias cajas de whisky que vendería en Brasil con una ganancia del 400%. Otros oficios que tuvo fueron carpintero en la Guayana, soldador en la base de lanzamiento de satélites de Kourou, diseñador y constructor de barcos en Guatemala, tubero, mecánico de aviones... Mayvi hizo toldos, fundas y velas y fue la responsable de la educación de los niños, además de la intendencia y montar guardias en cubierta.

Sin embargo, tres días después de salir de las Canarias hacia América, fueron embestidos por una ola de 15 metros. Consiguieron superarla, aunque con grandes daños: la escota de la vela mayor había reventado, el generador eólico había desaparecido, la antena de la radio había sido arrancada y lo peor de todo era que el timón se había partido. Tuvieron que cambiar de rumbo y refugiarse en Dakar.

Con todo, no fue ésta la situación más dramática que tuvieron que superar: fueron atacados por un enjambre de abejas asesinas frente a las costas de Brasil, succionados por arenas movedizas en la Guayana, casi devorados por un cocodrilo cerca de las islas Salomon y atacados por piratas en dos ocasiones, por las islas de San Blas (Panamá) y entre Sumatra y Sri Lanka (este último intento de abordaje fue el 10 de enero de este mismo año).

Durante el viaje hicieron numerosas paradas. La más larga fue en Guatemala, junto a Puerto Quetzal. Por 100.000 pesetas compraron una isla de cuatro hectáreas en la desembocadura del río María Linda. Con sus propias manos construyeron una casa de dos pisos. Allí, Santiago fundó un astillero y, mientras construía pesqueros, armó su segundo barco: un catamarán que bautizaron con el mismo nombre que su antecesor. Allí los niños iban al colegio y se examinaban en el consulado español. Hasta que una "señal" les indicó que era hora de continuar el viaje: los hijos de su vecino fueron secuestrados.

El fin del viaje El 19 de agosto de este año, 17 años después de haberse hecho a la mar, una multitud se concentró en el puerto de Hondarribia para recibir a la familia. Si el viaje ha finalizado no ha sido por voluntad de Santiago, que pretendía prolongar un año más la aventura, sino por un ultimátum del resto de la familia.

Ahora el catamarán está en venta y negocian con varias editoriales la publicación del libro que han escrito durante el viaje. Mayvi asegura que, a pesar de los malos ratos, repetiría la aventura. Urko y Zigor no lo tienen tan claro. Y es que pasar la adolescencia en esas condiciones es muy duro. Ahora tienen 25 y 26 años y están intentando adaptarse a tierra firme y buscando trabajo y "una novia".

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